
Alguna vez escuche decir a mi mamá que en la vida todo es cuestión de costumbre, muchas veces me negue a creerlo pero otras termino convenciendome de que siempre es así, aunque no quiera aceptarlo por completo pero es así.
Cuando estamos en la etapa del enamoramiento, esa en la que todo es perfecto, que sueñas con él todas las noches y que ries como loca porque te sientes enamoradísima de quien crees es el hombre de tu vida, cuando hablas con él no quieres tocar el tema de que te estás acostumbrando a él porque OH MY GOOD! esa palabra es fea, osea! te puedes acostumbrar a una mascota, un florero pero no a quien amas, pero veo mi alrededor y me doy cuenta que la mayor parte de la vida está llena de eso de COSTUMBRES!...
Las mayoría de las mujeres odiamos que nos digan ESTOY TAN ACOSTUMBRADO A VERTE!, una frase así es como un mata pasiones, que horror que te digan eso, osea, fácil no te quiere solo esta acostumbrado a ti, pero muchas veces somos nosotras quienes en silencio nos acostumbramos a ellos, a verlos siempre, a salir, ir al cine y un sin fin de actividades que en un determinado tiempo se vuelve una simple rutina, es como si tienes todo en una agenda, todo lo que vas a hacer con él en la semana e incluso a que hora lo llamarás por teléfono, y así te vas acostumbrando a él y viceversa.
He pasado mucho tiempo en un solo lugar al que me acostumbré , para mí ha sido como un ritual despertar, ducharme, vestirme, maquillarme para ir a clases, en la misma esquina de siempre esperando el mismo micro y viendo las mismas caras de siempre justo a la misma hora. Me convenzo de que sí me acostumbré al lugar, a ver las mismas personas, ir a comer en los mismos lugares y de vez en cuando brindando con los mismos amigos de siempre en la misma tienda de siempre. Si que mi vida era una agenda de la que tenía que cumplir todo sin salir de lo cotidiano.
Hoy que emprendo un nuevo viaje, bueno ni tan viaje que digamos, pero dejo el barrio de siempre con la gente de siempre, para irme a uno nuevo con gente nueva y bullicio nuevo, pero bajo el cielo de esta misma ciudad, a la que sigo acostumbrandome cada vez más, siento miedo, quizá algo absurdo dirán muchos, pero sí tengo miedo de lo que me tocará vivir en un lugar nuevo. Me doy cuenta que extrañare el lugar de donde he querido salir corriendo mil veces, pero es que aquí está la gente que conozco, aquella que cuando voy a comprar el pan me saluda, aqui están los amigos que nunca fueron míos pero con los que me he divertido un sin fín de veces, aquí está esa amiga que cocina riquisimo y a la que visito siempre, aquí está esa persona que me ha hecho reir, llorar, enojar, ese que siempre ha estado en los buenos y los peores momentos de mi vida.
Pero ya la desición está tomada y lo único que queda por hacer es empacar hasta el último cachivache que tengo e irme, con nostalgia, pero alegre porque a fin de cuentas no me voy a otro planeta solo al otro lado de la ciudad. Despues de todo no es tan malo, porque como me dijo una amiga así podremos caminar todos los días juntas cuando salgamos de clases y podremos reunirnos más seguido para hacer los trabajos, así que sola , sola, no estaré y si lo estoy será bueno para convivir conmigo misma y aprender cada día más todo aquello que ignoro y todo lo que hasta ahora no quiero aceptar.