Quizá el título más sugerente
era; “nadie me quita lo bailado”, pero aunque mucha gente no lo crea no todo en
mi vida ha sido bailar. A pocas horas de llegar a un cuarto de siglo de vida, me he puesto más
feeling que el primer disco de Adele. Y es que llegar hasta este punto de mi
vida, no solo me emociona, sino que me entristece, miro hacia atrás y veo
cuantas personas se fueron quedando en el camino, algunas se lo merecieron,
otras yo las deseché sin remordimiento y otras pocas se quedaron en el intento
de formar parte de esta pequeña lista de personas que hoy siento que son las más
importantes.
Llegar a los 25 es todo un reto
(supongo que así se sienten todos), al menos para mí, 25 años es un gran reto. He pasado tantas cosas, demasiadas para mi
gusto, pero ¡ya está! Me pasaron y sé que fue por algo. Cada momento me dejo
una gran lección, de las decepciones aprendí a no esperanzarse en que “alguien” resulte como nosotros quisiéramos, sino que
tuve que ver más allá y acepté a las personas pese a sus grandes errores. Fue
más aleccionador cuando esas personas me aceptaron con mis grandes defectos y
manías.
No he sido la chica buena del
cuento, nunca quise ser blanca nieves, disfrute tanto siendo la bruja malvada,
porque muchos merecieron ser convertidos en sapos, pero soy consciente que
otros no necesitaron ver mi lado oscuro, sin embargo las cosas así sucedieron y
aunque me arrepiento de algunas maldades, aprendí que el tiempo no retrocede y
que las heridas del ayer, hoy quizá ya estén curadas, en conclusión, ya no vale
la pena remover el pasado.
Aprendí a dejar el hogar y
guiarme por estas corazonadas que muchas veces me pusieron en aprietos, pero
que me dieron la satisfacción de haber estudiado la carrera que siempre me
gustó. Sin embargo estar lejos de casa, de mi pequeña y a veces disfuncional
familia, me enseñó a valorarlos, si, si, si porque esa frasecita de “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”
es tan real que una termina posteándolo en las redes sociales. Sin embargo yo
no perdí a mi familia, solo me alejé de ellos para que al regresar el orgullo
sea colectivo, y ahí han estado ellos siempre conmigo.
Me enorgullece decir que mi mejor
logro hasta estos 25 ha sido, pasar de ser la chica despreocupada de la vida a
ser esa mujer que el despertador levanta todas las mañanas para irse a
trabajar. Nunca fui la “cerebrito” de la universidad, pero me llena de dicha
saber que cada paso que he dado en mi carrera ha sido solo por mí, cada trabajo
que he conseguido ha sido por mi propio esfuerzo sin deberle nada a nadie, eso
realmente consigue hacerme sonreír de oreja a oreja.
Mi reloj aquí en esta “primaveral”
ciudad marca las 10: 47pm de un 22 de junio que estoy segura no olvidaré. Estoy
aquí frente a esta computadora, con el fondito musical recontra romanticón de Tommy
Torres y con estas ganas de saber que mañana cuando despierte con mis 25 años
las cosas irán mejor y no porque sea mi cumpleaños y me lluevan los saludos en
facebook, sino porque me lo he propuesto, he decidido que pese a los “problemas”
que tengo, YO y solo YO puedo mejorar
mis días.
