A tan solo un
día y algo más para terminar este tedioso 2012, estoy en casa rodeada de mi
familia, bueno, parte importante de mi gran familia. Decidí pasar días antes de
despedir este 2012, aquí en casa, comiendo la comida de mamá y durmiendo con mi
hermana de 13 años, luego de pasarnos horas enteras conversando de cosas de la
vida. Reírme con las sonseras de mi hermano de 16 años (que ya tiene
enamorada) y estar los tres frente a la
laptop viendo la familia peluche. Pese a que son pocos días los que he decidido
pasar aquí, han sido muy productivos, definitivamente no hay nada como recargar
energías con la mejor vibra que la familia puede darnos. Antes de terminar este
2012 puedo decir que sigo sonriendo.
Sin embargo,
pese a que mis últimos días del 2012 son muy buenos, debo admitir que no del todo
fue bueno este año que por fin se va. Lo
inicié tomando decisiones que con el tiempo se volvieron erróneas. Decidí dejar
la ciudad que me había albergado por 6 años consecutivos para probar suerte en
la capital de este país, luego de 3 meses de trabajo me di cuenta que lo mío no
eran los horarios de oficina y decidí regresar a Trujillo, animada por una
propuesta de trabajo para seguir haciendo periodismo, volví a coger mis maletas
y regresar. Empecé a trabajar en un
nuevo canal, una nueva familia para mí, aprendí a lidiar con todo lo malo, a
darme cuenta quienes realmente eran sinceros y de vez en cuando a poner cara de
hipócrita para tratar con algunos – después de todo uno debe aprender hasta
eso- pero nada dejó que hiciera lo que
tenía que hacer, chambear.
A mediados de
año alguien solicitó de mí para incursionar en un nuevo proyecto periodístico,
solicitud que no dudé en atender, esta sin duda fue la mejor experiencia que me
ha dejado este año. Trabajar con un gran equipo- porque si, nosotros si fuimos
un equipo- fue lo mejor, no solo fuimos compañeros sino que también grandes
amigos, quienes entusiasmados por el rencuentro no medimos gastos para
reunirnos cuantas veces se pudiese. Pese a los altibajos que siempre existen en
el trabajo, las discusiones, los días estresantes, y un sinfín de cosas, nunca
pero nunca dejamos de darnos la mano mutuamente, aprendí que el trabajo en
equipo puede llegar a ser satisfactorio. Además aprendí cosas del periodismo
que ignoraba, me volví mas desconfiada, nunca me conformé con una sola
respuesta, y sentí esa gran satisfacción de ser el medio para que la voz de
otros puedan ser escuchadas, carajo, como amo esta carrera.
A la par
con esta nueva aventura periodística, mi
vida sentimental se convirtió en un completo desastre, así que cada logro por
cierto tiempo lo disfruté sola, y empecé a darme cuenta que caminar sola no era
del todo malo, al contrario, hizo que descubriera más ganas de seguir. En
definitiva el amor conmigo no se llevaba nada bien. Sin embargo, poco después, entendí que el
compañero que andaba buscando no estaba tan lejos de mí, y aunque nadie supo
jamás quien era, él y yo disfrutamos cada momento de “nuestra nueva aventura”,
aquella que nos ensenó a sonreír pese a todo, a caminar sin tomarnos de la
mano, hablarnos en clave, discutir en
silencio, compartir grandes momentos, mirarnos
en secreto e intentar sacarle la vuelta al amor.
Este año también
puso en mis manos- por fin- el ansiado cartoncito de “bachiller”, luego de 3
meses consecutivos de clases de inglés, en las que conocí a buenas personas y
sonreí mucho, por fin pude graduarme. Aquel día sentí tanta satisfacción
conmigo misma, tanto orgullo, después de todo los pocos que conocen mi historia
saben que gran parte de mis logros los hice completamente sola, otros los
obtuve gracias al apoyo de los pocos, poquísimos, que estuvieron siempre ahí
diciéndome que PODÍA LOGRARLO.
Y por fin
después de 11 años, pude pasar una nochebuena junto al hombre que me dio la
vida, aquel con quien he compartido tan poco por que la distancia siempre nos
ha impedido muchas cosas. Sin embargo, recibir su abrazo a la medianoche del 25
fue el primer paso para dejar los malos ratos a un lado y darme cuenta que
todos siempre merecemos una segunda oportunidad para volver a creer. Creo en
él, creo en mi y estoy convencida que aún tenemos tiempo para muchas cosas.
Ha sido un año,
lleno de cosas nuevas, emociones nuevas y las ganas de no cerrar las puertas de
mi corazón, no sé si al amor, simplemente no las he cerrado aún, no quiero
hacerlo… Gracias a todos – no pondré nombres, ellos saben quienes son- sin
ustedes no hubiese llegado hasta donde estoy, gracias también a quienes me dejaron sola, créanme que
me hicieron más fuerte. Adiós 2012, te llevas mi vida universitaria, la
secundaria de mi hermano, la soltería de mis primas, mis miedos, mis fracasos,
mis malos ratos…. BIENVENIDO 2013,
haremos de este año otra gran aventura digna de contar…
( Escrito el 30 de diciembre de un 2012 que ya se fue )
